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30 AÑOS DE DIARIO URUGUAY EN INTERNET: Cuando el futuro llegó antes de tiempo

Aquella madrugada de 1995, sin saberlo del todo, pasamos al frente. Como privilegiados, sí, pero sobre todo como responsables. Porque cuando uno ve el futuro antes que otros, ya no puede hacerse el distraído.

PERIODISTAS EN RED /Desde la frontera Rivera Livramento Eduardo Mérica para FM FUTBOL.

Hay fechas que no solo marcan aniversarios: marcan cambios de época.
El 19 de abril de 1995, mientras el periodismo uruguayo todavía respiraba tinta, fax y teletipo, nació Diario Uruguay en Internet, adelantándose a un país que aún no imaginaba lo que significaba estar conectado al mundo.

Todo comenzó una noche reveladora en la redacción del diario La República, cuando el editor jefe Rodolfo Porley nos puso frente a la primera computadora que ingresaba al periodismo nacional y nos mostró algo que parecía ciencia ficción: el correo electrónico. En ese instante, sin discursos ni anuncios grandilocuentes, enterramos mentalmente el fax y la teletipo y comprendimos que el periodismo nunca volvería a ser el mismo.

Mientras muchos miraban con desconfianza aquel “armatoste” con monitor, otros entendimos que se abría un mundo paralelo, una nueva forma de informar, comunicar y conectar al interior del país con el planeta. Esa madrugada, casi sin saberlo, nos colocamos en la primera línea de una revolución silenciosa.

Así nació Diario Uruguay, primero como un blog informativo con noticias locales e internacionales, y luego como una experiencia pionera que se convertiría en un mojón histórico del periodismo digital uruguayo. Fuimos los primeros en animarnos, los primeros en publicar, los primeros en creer.

En 2002, esa visión volvió a adelantarse a su tiempo cuando re-fundamos Diario Uruguay en la frontera Rivera–Livramento, en un cyber café de la avenida Sarandí, en un territorio donde aún no existía ningún medio digital. Allí, desde una computadora alquilada por horas, nació el primer diario digital del departamento, llevando información a un lugar donde nadie la había imaginado posible.

Hoy, a 30 años de aquel primer clic, Diario Uruguay sigue en pie, con la misma convicción:
que el periodismo no espera,
que la tecnología no se teme,
y que el interior del país merece voz, memoria y futuro.

Porque Diario Uruguay no está escrito.
Se sigue construyendo, todos los días.

DON CARLOS JULIO PEREYRA Y SU VISITA A RIVERA . Aquí junto a nuestro Secretario de Redacción: Clover Machado tras la presentación del libro del maestro rochense.

DIARIO URUGUAY: CUANDO EL FUTURO GOLPEÓ LA PUERTA DEL PERIODISMO (1995–2002)

Hay noches que no se olvidan. No por lo que uno planea, sino por lo que irrumpe sin pedir permiso y cambia todo. Para el periodismo uruguayo —y especialmente para quienes creíamos que el interior merecía estar en la misma conversación que Montevideo— una de esas noches ocurrió en abril de 1995, dentro de la redacción del diario La República.

Fue allí donde el editor jefe, Rodolfo Porley, nos invitó casi en secreto a presenciar algo que pocos entendían y muchos miraban con desconfianza: la primera computadora que llegaba a una redacción periodística. No era una escena glamorosa. El monitor era un armatoste pesado, tosco, más cercano a una heladera que a una herramienta de trabajo moderno. Pero bastaron minutos para comprender que estábamos frente a algo que iba a sepultar décadas de oficio tal como lo conocíamos.

PRIMEROS ACCIDENTES DE RIVERA POR INTERNET. No era común ver accidentes en páginas digitales y Diario Uruguay inauguró esa costumbre casi diaria….

Esa noche, Porley hizo algo que hoy parece trivial pero que entonces fue una verdadera revolución: nos mostró el funcionamiento del correo electrónico. No hubo discursos grandilocuentes. Hubo asombro. Hubo silencio. Y hubo una certeza inmediata: el fax y el teletipo acababan de ser enterrados, aunque todavía no lo supieran.

Mientras la mayoría de los colegas pasaba de largo frente a aquella PC —algunos con desinterés, otros con una ironía defensiva—, unos pocos entendimos que el periodismo acababa de abrir una puerta a un mundo paralelo. Internet no era todavía una autopista; era un sendero angosto, incierto, pero lleno de promesas. Y decidimos caminarlo.

La idea empezó a madurar casi sin darnos cuenta. Si esa herramienta permitía enviar información en segundos, si rompía las barreras geográficas, si democratizaba el acceso a la palabra, ¿por qué no llevarla al interior del país? ¿Por qué no aggiornar a los corresponsales, darles voz directa, sin intermediarios, sin esperas eternas?

Así, apenas unos días después, el 19 de abril de 1995, nació Diario Uruguay. No nació como empresa. No nació con imprenta ni edificio. Nació como blog, cuando esa palabra ni siquiera circulaba. Publicábamos noticias locales e internacionales, con una convicción simple pero poderosa: el futuro ya estaba acá y no iba a esperar a nadie.

El impacto fue inmediato. Sin campañas, sin marketing, sin sponsors. Era la novedad, sí, pero sobre todo era la sensación de estar participando de algo que se adelantaba a su tiempo. Fuimos un mojón, no por vanidad, sino por decisión. Fuimos de los primeros en el país en llevar a la práctica lo que muchos intuían, pero pocos se animaban a ejecutar.

Pasaron los años, llegó el nuevo milenio y, en 2002, el camino nos llevó a la frontera Rivera–Livramento. Allí ocurrió otro momento fundacional. En una ciudad binacional, dinámica, viva, no existía ningún medio de comunicación digital. Ninguno. Era un vacío informativo tan grande como la oportunidad que ofrecía.

Decidimos entonces reenfundar Diario Uruguay, esta vez como el primer diario digital del departamento de Rivera. No lo hicimos desde una redacción tradicional, sino desde un cyber café ubicado en la avenida Sarandí, casi Monseñor Vera. Computadoras compartidas, conexiones lentas, café de por medio y una certeza intacta: el periodismo digital no era el futuro, era el presente.

Hoy, en ese mismo lugar, funciona un local de Abitab. El progreso volvió a pasar por ahí, casi sin avisar. Pero la huella quedó.

Diario Uruguay no fue solo un medio. Fue una actitud. Fue la decisión de no esperar que la historia se escribiera desde otros escritorios. Fue entender, antes que muchos, que la tecnología no reemplaza al periodismo: lo potencia o lo deja atrás.

Aquella madrugada de 1995, sin saberlo del todo, pasamos al frente. Como privilegiados, sí, pero sobre todo como responsables. Porque cuando uno ve el futuro antes que otros, ya no puede hacerse el distraído.

Y desde entonces, Uruguay no está escrito. Se escribe todos los días.

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