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MUSEO CHACARERO: Cuando Montevideo aprendió a patear la historia: el fútbol del 900

Las crónicas deportivas funcionaban como un espacio de intersubjetividad: allí se narraba el juego, pero también se construía sentido. Se describía al público, se exaltaban valores, se moldeaba una sensibilidad colectiva. Montevideo aprendía a sentirse a través del fútbol.

MUSEO CHACARERO/Desde Montevideo Eduardo Mérica para FMFUTBOL.

Montevideo no despertó futbolera de un día para el otro. El fútbol no irrumpió como un grito popular sino como un murmullo elegante, importado, casi secreto, que se fue filtrando por los salones de la elite hasta estallar en las calles. A fines del siglo XIX, cuando la ciudad todavía olía a quintas, tranvías y puerto, el football empezó a rodar como una rareza británica, ajena al criollo, distante, observada desde afuera.

El pasaje del siglo XIX al XX encontró a la capital uruguaya en plena mutación. La ciudad se expandía, se urbanizaba, se europeizaba. Cambiaban las costumbres, las formas de sociabilidad, los hábitos del ocio. Y en ese escenario de transformación profunda, el fútbol fue mucho más que un deporte: fue un fenómeno cultural que terminó por redefinir identidades, pasiones y pertenencias.

El juego de los ingleses

El fútbol llegó al Uruguay de la mano de la colectividad británica, inseparable de sus intereses comerciales, ferroviarios y portuarios. Comerciantes, saladeristas, banqueros, estancieros y funcionarios formaban un núcleo cerrado que no solo traía mercancías, sino también prácticas culturales. Entre ellas, los deportes.

Desde 1861, con la fundación del Montevideo Cricket Club, los ingleses comenzaron a institucionalizar el deporte en la ciudad. El cricket, el atletismo, el remo y, más tarde, el fútbol, se practicaban en ámbitos exclusivos, sin mezclarse con los criollos. Oficiales de la escuadra británica, anclada en el puerto para proteger el tráfico del Atlántico Sur, completaban ese universo deportivo cerrado.

Uno de los escenarios míticos de aquellos primeros años fue The English Ground, en La Blanqueada, donde hoy se levanta el Hospital Militar. Rodeado de quintas, cercos de pitas y caminos de tierra, ese predio fue testigo del primer partido de fútbol documentado en Uruguay, disputado en octubre de 1878. Había un pequeño palco, un rancho-vestuario y una carpa blanca donde se servía el té de las cinco. El ritual era tan importante como el juego.

Punta Carretas fue otro territorio fundacional. Farola, tranvía, hipódromo y canchas de fútbol convivían en una zona que adquirió carácter casi legendario. Allí, estudiantes de colegios ingleses practicaban el “juego de los ingleses” ante la mirada curiosa de los montevideanos.

De espectadores a protagonistas

Durante años, los criollos miraron desde afuera. Pero hacia fines de la década de 1880 algo empezó a cambiar. Jóvenes de las clases altas y medias, con vínculos comerciales o sociales con los británicos, comenzaron a acercarse al fútbol. Primero como invitados, luego como practicantes.

En 1891 nació el Albion Football Club, el primer club de fútbol del Uruguay. Fundado por exalumnos del English School, el Albion fue clave no solo por su existencia, sino por su rol como difusor del fútbol. Sus jugadores publicaban reglas, anunciaban partidos y escribían crónicas para los diarios. El fútbol empezaba a salir del gueto británico.

Ese mismo año se fundó el Central Uruguay Railway Cricket Club (CURCC), ligado a los trabajadores del ferrocarril. En Punta Carretas comenzaron los enfrentamientos entre Albion y CURCC, partidos que ayudaron a consolidar la práctica y a despertar interés popular. También hubo cruces con equipos de Buenos Aires y con tripulaciones de barcos, en un Río de la Plata que empezaba a latir futbolero.

La explosión del 900

La última década del siglo XIX fue una verdadera ebullición. Clubes aparecían en distintos barrios de Montevideo: Pocitos, Buceo, Sayago, Cerro, Tres Cruces, Arroyo Seco. Muchos de ellos hoy son apenas nombres en archivos y crónicas amarillentas, pero fueron fundamentales en el proceso de apropiación del fútbol.

En 1899 se fundó el Club Nacional de Football, una institución destinada a marcar un antes y un después. Su nombre no era casual: “Nacional” era una declaración. El criollismo entraba de lleno al fútbol, rompiendo la hegemonía extranjera y transformando al deporte en un espacio de identidad propia.

En paralelo, en 1900 se creó la The Uruguay Football League, la primera federación deportiva del país. Organizada bajo criterios británicos y con un fuerte carácter elitista, fue el primer intento de ordenar la competencia. Aunque los criollos ya participaban, seguían subordinados a una lógica importada.

El fútbol como fenómeno social

A comienzos del siglo XX, el fútbol ya era imparable. Se transformó en moda urbana, en espectáculo, en pasión compartida. Las tribunas improvisadas se llenaban, los comentarios circulaban, las emociones se desbordaban.

En ese contexto, el semanario Rojo y Blanco (1900-1903) se convirtió en una ventana privilegiada para observar el fenómeno. Con alto nivel periodístico y gráfico, la revista reflejaba no solo los partidos, sino las costumbres, los gestos, los nuevos espectadores. El fútbol aparecía como escenario de emociones, expectativas y tensiones sociales.

Las crónicas deportivas funcionaban como un espacio de intersubjetividad: allí se narraba el juego, pero también se construía sentido. Se describía al público, se exaltaban valores, se moldeaba una sensibilidad colectiva. Montevideo aprendía a sentirse a través del fútbol.

El comienzo de algo que no se detuvo más

El fútbol del 900 no fue solo el origen de un deporte. Fue el inicio de una cultura. De una forma de mirar, de discutir, de pertenecer. De rivalidades, barrios, colores y pasiones que atravesaron generaciones.

Lo que empezó como el juego de unos pocos terminó siendo la voz de muchos. Y desde entonces, en Montevideo, la pelota no dejó de rodar. Porque el fútbol, como la historia, una vez que arranca… ya no se puede parar.

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