¡ASUSTA! Guichón y su estadio olvidado: la postal más triste a días de la Copa OFI de Selecciones
Basta esperar ahora la futura inspección de la OFI, para ver si es habilitado o no el estadio Municipal de la gente del fútbol.

LA OFI REAL/Desde Guichón INFORME ESPECIAL Alexis Batista y Eduardo Mérica para FMFUTBOL.
Cuando el calendario aprieta y la ilusión deportiva debería crecer, en Guichón la cuenta regresiva hacia la Copa OFI de Selecciones expone una realidad tan incómoda como dolorosa. Faltan apenas 12 días para el inicio del torneo, y el estadio municipal de fútbol —el principal escenario deportivo del pueblo— ofrece hoy una imagen lamentable, impropia y alarmante, que no solo compromete lo deportivo, sino que desnuda años de desatención y resignación.

La denuncia vuelve a surgir, como tantas otras veces, pero esta vez con el agravante del tiempo encima. El campo de juego presenta el césped alto, sin mantenimiento visible, evidenciando la ausencia de personal idóneo para realizar tareas básicas que cualquier escenario que aspire a recibir una competencia oficial debería tener garantizadas. No se trata de detalles menores: es el corazón del espectáculo, el espacio donde se juega algo más que un partido, donde se representa a una comunidad entera.

A esto se suma una cantina inconclusa, a medio camino de estar pronta, símbolo perfecto de obras que comienzan pero nunca terminan. El estadio también presenta falta de tejido perimetral detrás del talud del arco que da hacia la vía férrea, una situación que compromete seriamente la seguridad de jugadores y público. Como si fuera poco, una de las tribunas se encuentra inhabilitada, reduciendo la capacidad y afectando directamente la experiencia de quienes acompañan cada domingo.
Las explicaciones se repiten como un eco gastado: no hay personal, no hay rubros, no hay recursos. Argumentos que, en Guichón, suenan cada vez más difíciles de aceptar. Cuesta creer que no exista presupuesto para el principal escenario deportivo del pueblo, cuando a apenas 90 kilómetros de distancia se han realizado inversiones millonarias en otros estadios. El Artigas y el 8 de Junio han recibido obras que rondan los 6 millones de dólares, mientras en el Nuevo Paysandú avanza la construcción de un Polideportivo que suma varios millones más.

La comparación no busca enfrentar territorios, sino poner sobre la mesa una desigualdad evidente. ¿Por qué algunos escenarios crecen y otros sobreviven como pueden? ¿Por qué el fútbol del interior profundo parece condenado a la espera eterna?
En Guichón, muchos ya no se sorprenden. Entre los comentarios que circulan en voz baja aparece una frase que duele más que cualquier denuncia: “Nos hemos acostumbrado a bajar la cabeza y dejar de reclamar. O nos hemos resignado, que es peor todavía”. La resignación, silenciosa y peligrosa, se ha convertido en parte del paisaje.
Sin embargo, el fútbol del interior no es solo una actividad recreativa. Es identidad, es pertenencia, es encuentro social. El estadio municipal no es un lujo: es un espacio de construcción comunitaria, un punto de referencia para generaciones enteras. Dejarlo caer es, en definitiva, abandonar a la comunidad que lo sostiene.

A días de una nueva Copa OFI, Guichón no pide privilegios ni obras faraónicas. Pide lo básico: mantenimiento, seguridad, respeto. Pide que el fútbol del interior no sea siempre el último de la fila. Pide que alguien levante la cabeza y se anime a reclamar lo que corresponde.
Porque cuando un estadio se cae a pedazos, no es solo el cemento lo que se resquebraja: es la dignidad de todo un pueblo.





