Desprecio total del presidente y secretario de CAinfo con la denuncia de Diario Uruguay
Más aún: Diario Uruguay no figura en ninguno de los relatorios anuales de CAinfo, a pesar de haber atravesado al menos cinco situaciones graves vinculadas directamente con el ejercicio del periodismo.

PERIODISTAS EN RED/Desde Rivera Eduardo Mérica para FMFUTBOL.
CUANDO LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN NO LLEGA AL INTERIOR
Crónica sobre la denuncia de Diario Uruguay ante CAinfo y el silencio institucional
Hay silencios que pesan más que una censura explícita. No porque sean menos dañinos, sino porque se disfrazan de formalidad, de tecnicismo, de “no corresponde”. El silencio, cuando proviene de organizaciones cuya razón de ser es la defensa de la libertad de expresión, se transforma en una forma sofisticada de exclusión. Eso es, en esencia, lo que volvió a experimentar Diario Uruguay al denunciar ante CAinfo la apropiación indebida de su contenido digital y la baja unilateral de su sitio web por parte de la empresa contratada para su desarrollo.
La respuesta fue tan breve como lapidaria: “No nos pareció que fuera una afectación a la libertad de expresión sino un tema comercial”. Con esa frase, CAinfo cerró el expediente. Con esa frase, también cerró —una vez más— la puerta a un medio del interior.

Treinta años de periodismo digital, borrados de un clic
En agosto de 2024, sin aviso previo, sin intimación, sin comunicación formal, Diario Uruguay fue dado de baja. El sitio desapareció de la web. Con él, se esfumaron más de 5.000 artículos periodísticos y casi 8.000 imágenes, fruto de tres décadas de trabajo ininterrumpido desde que, en 1995, Eduardo Mérica fundara el medio como una iniciativa pionera del periodismo digital en Uruguay.
La empresa responsable —contratada en 2018 por recomendación de socios de la Asociación de la Prensa Uruguaya— no solo interrumpió el servicio: retuvo el acceso al cPanel, negó las copias de seguridad y cortó toda comunicación, configurando una apropiación de contenido que hoy está denunciada ante la Unidad de Cibercrimen de la Jefatura de Policía de Montevideo y en vías de llegar a Fiscalía.
Reducir esto a un “conflicto comercial” implica ignorar un punto central: sin acceso al contenido, no hay medio; sin medio, no hay voz; sin voz, no hay libertad de expresión.
PODCAST: PALABRA DEL SECRETARIO DE CAinfo
CAinfo y su misión declarada: un contraste incómodo
El contraste es inevitable. CAinfo se define públicamente como una organización que trabaja:
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Por el derecho a la información pública
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Por la libertad de expresión
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Por la participación social
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Por el monitoreo de estándares nacionales e internacionales
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Por el litigio estratégico en casos de alto interés público
Todo eso está escrito. Todo eso se exhibe en su portal institucional. Sin embargo, cuando un medio digital del interior denuncia haber sido silenciado de facto, despojado de su archivo histórico y dejado “en la calle”, la respuesta es la indiferencia.
Más aún: Diario Uruguay no figura en ninguno de los relatorios anuales de CAinfo, a pesar de haber atravesado al menos cinco situaciones graves vinculadas directamente con el ejercicio del periodismo.

Cinco hechos. Cinco silencios. Un patrón
La baja del sitio no es un episodio aislado. Es el último eslabón de una cadena:
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Agresión violenta con lesiones contra el periodista y su familia dentro de su propio domicilio.
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Amenaza verbal en un estadio de fútbol del interior.
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Expulsión de la sede de la AUF cuando ya se estaba dentro para realizar una cobertura periodística.
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Encierro detrás de una tribuna, estando debidamente acreditados.
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Denuncias penales y civiles que terminaron en sobreseimiento, tras afrontar costos legales con recursos propios.
En ninguna de estas situaciones hubo acompañamiento efectivo de CAinfo. Ni informes. Ni respaldo público. Ni litigio estratégico. Nada.
El centralismo también existe en la defensa de derechos
Lo que subyace no es solo un desacuerdo conceptual, sino un problema estructural: la mirada centralista de la libertad de expresión. Parece que lo que sucede en Montevideo califica como “caso testigo”, mientras que lo que ocurre en el interior es leído como anecdótico, menor o insuficiente.
La frase que circula en ámbitos periodísticos —“ellos no se mezclan con el negraje”— puede ser incómoda, pero refleja una percepción instalada: la de una élite que define qué casos merecen ser defendidos y cuáles no.
Libertad de expresión también es infraestructura
En la era digital, la libertad de expresión no se vulnera solo con mordazas o leyes, sino también mediante el control de plataformas, servidores, accesos y contenidos. Quitarle a un medio su archivo es borrar memoria. Es impedir continuidad editorial. Es generar un daño económico, laboral y simbólico profundo.
Negar esa dimensión es desconocer cómo funciona hoy el periodismo.
La pregunta que queda abierta
CAinfo sostiene que su misión es “promover, difundir y defender” la libertad de expresión. La pregunta, entonces, no es retórica:
👉 ¿La libertad de expresión termina donde empieza el interior del país?
👉 ¿Un medio digital sin respaldo financiero, pero con historia, no merece defensa?
👉 ¿Desde cuándo apropiarse del contenido periodístico ajeno no afecta el derecho a informar?
Mientras esas preguntas sigan sin respuesta, el silencio institucional seguirá siendo parte del problema.
Y el periodismo del interior, una vez más, seguirá defendiendo la libertad de expresión en soledad, con convicción, con memoria y con la certeza de que callar nunca fue una opción.



