EFRAÍN MARTÍNEZ FAJARDO: El periodista que inventó la Copa El País
AQUÍ REVELÓ LOS SECRETOS DE LA OFI Y DEFENDIÓ AL INTERIOR HASTA EL ÚLTIMO DÍA: "Porque hubo siempre una "tirria", que no sé de dónde nace, de la relación OFI - AUF. Que viene desde hace mucho tiempo, y es como que el montevideano nunca tiene tiempo para retribuirle al del interior... ¡A mí me da vergüenza!, pero yo, puedo ser un prototipo de esa característica..."

LA OFI REAL /Desde Montevideo EDUARDO MÉRICA para FMFUTBOL.
Nuestra relación con Efraín Martínez Fajardo no fue solamente periodística. Fue, ante todo, una relación histórica, casi de custodia de una memoria que él sabía única y que nosotros comprendimos a tiempo que no podía perderse. Trabajamos con EFRA (seudónimo que utilizó en el diario El País, en sus notas) hasta el último día de su vida, y cuando decimos “trabajamos” hablamos de largas charlas en el Bar Facal, de 18 y Yí (hasta muchas veces con otro grande del periodismo: Alberto Silvio Montaño), de silencios elocuentes, de cafés que se enfriaban mientras aparecían verdades que nunca habían sido escritas y que, quizás, nunca más volverían a ser contadas con esa crudeza y esa honestidad.

La famosa frase que dejó grabada —“El hombre que inventó la guerra entre OFI y AUF puede inventar la paz”— no fue una provocación: fue una confesión. EFRA sabía que la Copa El País nació también como respuesta, como desafío, como grito organizado de una identidad postergada. Y lo hizo desde el periodismo, con inteligencia, con astucia y con una enorme sensibilidad social.
En nuestras entrevistas, realizadas en Montevideo, EFRA hablaba sin estridencias. No necesitaba escándalo ni sensacionalismo. Su estilo era otro: profundo, reflexivo, cargado de imágenes que parecían simples pero que escondían verdades estructurales. Nos habló de la “pachorra” del interior, de esas 48 horas invisibles que tiene cada día lejos de la capital. Nos habló del jugador que no cobra, pero pertenece; del club que no gana, pero contiene; de la institución que pierde en la tabla, pero gana en humanidad.
También fue implacable cuando debía serlo. Señaló la histórica tirria entre OFI y AUF, el desinterés sistemático, la vergüenza del olvido. Nos habló de la esperanza no como consigna vacía, sino como obligación moral. Porque para EFRA, sin esperanza no hay fútbol posible, ni interior ni país.
Hasta el final, siguió siendo “genio y figura hasta la sepultura”. No transó su mirada. No edulcoró sus recuerdos. Nos dejó un legado que hoy pesa más que nunca: la certeza de que el mayor torneo de clubes del fútbol del interior no nació del azar, sino de una idea periodística convertida en hecho histórico.
Cuando EFRA se fue, nos dejó la responsabilidad de contar lo que él ya no podía. De decir lo que muchos prefieren callar. De proteger la verdad de una organización que se explica más por hombres que por estatutos. Y de entender que, sin memoria, el fútbol del interior corre el riesgo de volver a ser apenas una nota al pie.
Nosotros lo acompañamos hasta el final. Y hoy, al escribir estas líneas, sabemos que no fue un privilegio menor: fue una tarea histórica.

“El hombre que inventó la guerra entre la OFI y la AUF puede inventar la paz”, frase patética de Efraín Martínez Fajardo.
Efraín tenía clara su misión en la tierra: difundir el fútbol del interior, dignificarlo, narrarlo con la misma épica con la que otros narraban gestas europeas o montevideanas. Desde el diario El País, logró algo que parecía imposible: identificarse con “otra gente”, la del interior profundo, la que vive el fútbol como extensión de la familia, del barrio, de la identidad. No era pose. Era convicción. Era piel.
Con él aprendimos que hablar de OFI no era hablar solo de campeonatos, reglamentos o resultados. Era hablar de hombres, de caminos de tierra, de noches interminables, de estadios iluminados a medias y de camisetas lavadas a mano. EFRA nos invitó —y aceptamos— a viajar con él por un verdadero túnel del tiempo, donde los nombres propios volvían a respirar y los dirigentes pioneros recuperaban voz y rostro.
Pero también nos confió los secretos. Los que no se escriben. Los que no se publican. Los que explican por qué la Copa de Clubes Campeones de OFI no fue solo un torneo, sino un acto de rebeldía creativa. Porque EFRA fue el hombre que entendió antes que nadie que el interior necesitaba su propio gran escenario, su propia guerra simbólica contra el centralismo, su propio sueño continental, aunque se jugara en canchas de tierra y con colectivos prestados.
¿Por qué accedió a escribir sobre el fútbol del interior?.
La responsabilidad que yo asumí me la dispuso el diario. Por lo tanto muy pronto sentí algo diferente en el contacto con la gente del interior. Como una paz, una tranquilidad que me atrajo… esa «pachorra» en el buen sentido. Como que el día de ellos tiene 48 horas.
¿Similar a la relación infinita entre el Interior y la Capital?.
El fútbol del interior (OFI) «es una cosa propia», por eso se han hecho muchos intentos de integración. Sin haber llegado a definirlo y analizarlo en profundidad.
¿Qué me cuenta de la poca difusión de noticias sobre la OFI?.
En el caso de los medios de comunicación (no son todos) los que lo apoyan. Por ejemplo, como en la época de Davy, Montaño, Trifón Illich, hoy, casi ninguno…
¿Cómo lo vio usted siempre al jugador del interior?.
El jugador de la OFI siempre se integró socialmente, no se les pagó nunca, realmente un sueldo. Habría que llamarlo viático. Quiero decir: se le integró a distintas actividades, bancarias, hoteleras, en fin, de acuerdo a lo que se desarrolle en su medio.
¿No es un mito seguir ponderando que el jugador de la OFI se juega por la camiseta?.
No. No es falso. Y hay que admitirlo, es por lirismo.
¿Y la gente del interior cómo se entregó a sus ideas?.
Como la buena voluntad y la solidaridad gaucha de quienes han sido y son en todo momento, colaboradores valiosos, oportunos y bondadosos.
¿Cómo era un día suyo en el interior del país?.
Yo era un viajero, en sentido contrario, a los viajeros comerciales. Porque yo iba los sábados y los domingos, con un gusto enorme y mucha responsabilidad, lo cual me daba mucho ánimo haciéndome olvidar de la actividad de Montevideo. Ya que no me atraía el fútbol profesional, falto de conquistas internacionales.
¿Parecería que nadie se anima a abrir la puerta de la AUF, para todo el interior del Uruguay?.
La puerta tal vez no la abra nadie, determinadamente hablando, pero… la puede abrir una fuerza espiritual grande que nos ayude a todos. Por eso pienso, que ese renacer se está promocionando y moviendo de alguna manera que nos deja una esperanza, que esté más allá de lo que se pueda hacer con fórmulas matemáticas. Está un poco en el espíritu, en las ganas y en el deseo de logro. «Donde no hay fuerza, no hay misión y si no puedes ser lo que debes, sé con seriedad lo que puedes…»
¿Lo puedo catalogar como un enamorado del fútbol del interior?.
Sí, sí… porque el aporte del interior será fundamental para el espíritu y el estímulo del fútbol nacional. El canje más doloroso es que ganando algo, se pueda perder también mucho, como es la espontaneidad, la limpieza y la verdad en las opiniones.
Yo insisto: ¿por qué no se le tuvo en cuenta en la AUF, a la gente de O.F.I.?.
Porque hubo siempre una «tirria», que no sé de dónde nace, de la relación OFI – AUF. Que viene desde hace mucho tiempo, y es como que el montevideano nunca tiene tiempo para retribuirle al del interior… ¡A mí me da vergüenza!, pero yo, puedo ser un prototipo de esa característica… De repente eso ha creado las grandes barreras.
En estos tiempos «La Esperanza», ¿es una palabra que nos respalda, cuando creemos que vamos cayendo?.
Es lo que tenemos que mantener todos en alto. Mucho más en estos años de la Organización del Fútbol del Interior, ya que es oportuno hablar de ilusión. Aguardando algo digno y honroso, que una los valores humanos de todos los integrantes del fútbol uruguayo. Con ese espíritu siempre tendremos fundadas esperanzas para un mejor mañana.
Pero EFRA… ¿por qué nos cuesta tanto?.
Entiendo que cada uno lleve sobre sí su culpa y esconde o puede esconder, como dicen los ingleses: un esqueleto en su ropero; pero a veces no lo saben y viven siendo amorales sin traspasar el límite de la inmoralidad.



