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EL COMUNICADO DEL CIRCULO AL CONGRESO DE INTENDENTES… y nuestra opinión

El problema no es una nota. El problema es el modelo. Un modelo donde el periodismo deja de ser contrapoder para transformarse en gestor de favores, donde la representación gremial se confunde con la cercanía dirigencial, y donde la independencia se sacrifica en nombre de una supuesta “ventaja”

PERIODISTAS EN RED/Desde la frontera Rivera Livramento/Eduardo Mérica para FMFUTBOL. 

La dádiva como atajo: cuando el periodismo confunde derechos con favores

La reciente nota firmada por Ernesto Ortiz, presidente del autodenominado Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay, dirigida nada menos que al Congreso de Intendentes, abrió un debate que trasciende largamente el texto en sí. No por su profundidad conceptual —más bien escasa— sino por lo que revela: una concepción del ejercicio periodístico peligrosamente asociada al pedido de beneficios, favores y excepciones, en lugar de a la defensa de derechos genuinos y universales.

El planteo resulta, cuanto menos, fuera de lugar. Porque no se trata de reclamar condiciones laborales claras, reglas iguales para todos o marcos normativos transparentes. Se trata de solicitar gratuidades y concesiones desde el poder político departamental, apelando al “rol del periodismo” como si este se fortaleciera a partir de privilegios y no de independencia.

La pregunta surge sola y resuena con fuerza en todo el interior del país:
¿Por qué este tipo de solicitudes no se realizan también para los periodistas del interior cuando trabajan en escenarios de la AUF?
La respuesta, aunque incómoda, es conocida por todos. Porque ahí no hay lobby posible sin costo, ni cercanía sin condicionamientos, ni favores sin factura futura.

Este episodio termina de explicar, casi de manera definitiva, por qué algunos comunicadores del interior eligen permanecer dentro de ese Círculo: no por una construcción colectiva del periodismo, sino por la expectativa de beneficios individuales. Entradas, accesos, excepciones. La lógica del “arreglo” reemplazando al concepto de derecho.

Pero lo más fuerte no vino desde una redacción ni desde un micrófono. Llegó desde la palabra clara y frontal de un dirigente histórico del fútbol del interior, alguien que conoce el paño y que no necesita disfrazar conceptos. Su testimonio es tan contundente como incómodo:

“Yo leí y leí y me parece inviable. No corresponde eso. Porque vos no podés ejercer desde la dádiva de los demás porque después te condiciona tu libertad.”

La frase desnuda el núcleo del problema. El periodismo que se financia o se sostiene desde la concesión ajena pierde, inevitablemente, su capacidad crítica. No hoy, tal vez no mañana, pero sí cuando el silencio sea más rentable que la verdad.

El mismo dirigente fue más allá, poniendo el foco donde duele:

“Lo que tienen que hacer los periodistas es tratar de hacer un presupuesto acorde a su producción, para lo que vas a aportar en último caso a tus oyentes o audiencia. Pero no, desde la exigencia de que sea gratis todo.”

Aquí no hay romanticismo ni épica. Hay una verdad básica del oficio: el periodismo se legitima frente a su público, no frente al poder. Cuando el sostén deja de ser la audiencia y pasa a ser la dádiva, la ecuación está rota.

Pero el testimonio no se detuvo ahí. Tocó el punto más sensible de todos:

“Hoy estamos en la generación del compromiso personal que genera el presidente del Círculo con AUF y OFI en nombre de los asociados.”

Y la pregunta inevitable cae como un mazazo ético:
¿Están todos los asociados de acuerdo con que quien los representa tenga vínculos tan estrechos, simultáneos y funcionales con los máximos organismos del fútbol uruguayo?

Porque la señal que se emite es clara y peligrosa: información quizás privilegiada a cambio de bajar la cabeza frente a la crítica, frente a lo que está mal, frente a lo que debe decirse. Se naturaliza así una cultura donde el acceso vale más que la verdad, y el silencio más que la denuncia.

El problema no es una nota. El problema es el modelo.
Un modelo donde el periodismo deja de ser contrapoder para transformarse en gestor de favores, donde la representación gremial se confunde con la cercanía dirigencial, y donde la independencia se sacrifica en nombre de una supuesta “ventaja”.

El fútbol del interior —y el periodismo que lo cubre con honestidad— merece otra cosa. Merece reglas claras, respeto profesional y libertad real. No privilegios condicionados ni cartas incómodas al poder político.

Porque cuando el periodismo pide desde la dádiva, tarde o temprano termina escribiendo con la mano ajena. Y ese es el principio del fin de cualquier credibilidad.

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