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LA OFI MONTEVIDEANA: La filtración como arma: cuando la guerra contra Mario Cheppi comenzó en las sombras

La filtración que encendió la guerra: el día que comenzó el cerco político contra Mario Cheppi y la autonomía del fútbol del interior.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para FMFUTBOL.

 

No fue un hecho aislado. Tampoco una casualidad. Mucho menos un error ingenuo de procedimiento.
Lo ocurrido en aquella sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización del Fútbol del Interior, celebrada el 30 de abril de 2019, marcó un punto de inflexión silencioso pero decisivo en la historia reciente de la OFI. Ese día, mientras el Prof. Mario Cheppi presidía una mesa que intentaba gobernar con institucionalidad, comenzaron a quedar expuestas las primeras señales claras de una guerra política interna, destinada a desgastar, condicionar y, si fuera posible, gobernar al fútbol del interior desde afuera.

La escena era formal, casi rutinaria. Montevideo, 14:30 horas. La mesa completa, con representantes de todo el país, dirigentes de larga trayectoria, profesionales, militares retirados, hombres y mujeres con años de vestuario institucional. Nada hacía prever que, detrás de las actas y los puntos del orden del día, se estuviera incubando un conflicto que terminaría por erosionar los cimientos del nuevo tiempo que intentaba instalar la OFI.

Pero el presidente lo dijo con claridad. Y lo dijo con fastidio contenido, no con estridencia:
“Una vez más han trascendido en prensa actuaciones del Ejecutivo que se consideran reservadas.”

No era la primera vez. Y ese detalle lo volvía grave.

La información reservada como botín político

El episodio puntual tenía nombre y apellido: la reunión del 25 de abril, en la que se había tratado nada menos que el contrato de televisión. Un tema sensible, estratégico, económico y político. Sin embargo, antes de que los propios órganos de la OFI pudieran procesar lo discutido, el diario El Telégrafo de Paysandú ya lo sabía todo.

No “la prensa” en general.
No todos los medios.
No el periodismo del interior en su conjunto.

Un medio. Una filtración. Una línea directa.

Ahí empezó a quedar claro que la filtración no respondía a una vocación informativa, sino a una operación selectiva. Información confidencial utilizada como munición política. Una práctica vieja, conocida, pero que en OFI siempre había sido vista como una línea roja que no se debía cruzar.

Cheppi recordó algo elemental pero que parecía olvidado por algunos:
los consejeros tienen obligaciones estatutarias de confidencialidad. No es una sugerencia ética. Es una responsabilidad legal y política.

Ética: la palabra que incomodó

Cuando el tema pasó formalmente al punto ÉTICA, el clima cambió. Ya no se trataba de una filtración más, sino de una conducta reiterada que empezaba a minar la autoridad del Ejecutivo y, por extensión, la credibilidad de la OFI como institución.

Sobre la mesa apareció una posibilidad tan incómoda como necesaria:
la formación de una comisión investigadora y la eventual derivación del caso al Comité de Ética.

El problema era tan simbólico como real: el Comité de Ética no estaba integrado. Una ausencia que, vista en retrospectiva, también hablaba de tiempos anteriores, de postergaciones deliberadas, de zonas grises funcionales a determinados intereses.

La resolución fue unánime:
cada Confederación propondría un nombre y, por sorteo, se integrarían los tres titulares del Comité.

Era un intento de cerrar la puerta por donde se escapaba la institucionalidad.
Pero también una señal clara: esto ya no se iba a tolerar más.

La guerra que ya había comenzado

El contexto agravaba todo. Este episodio se sumaba a lo ocurrido el día de la votación del nuevo presidente de la AUF, cuando también se filtraron movimientos, posicionamientos y estrategias internas de OFI.

Demasiadas coincidencias.
Demasiados tiempos sincronizados.
Demasiados intereses cruzados.

Lo que empezaba a asomar era algo más profundo: una resistencia abierta al liderazgo de Mario Cheppi, un presidente elegido por todo el país, que había llegado con la promesa de ordenar, transparentar y defender al fútbol del interior frente a los poderes históricos del centralismo montevideano.

Para algunos, eso era imperdonable.

Gobernar desde afuera

La filtración no buscaba informar.
Buscaba condicionar.
Desgastar.
Marcar la cancha.

Era el inicio de una estrategia clara: gobernar al fútbol del interior desde afuera, usando voceros amigos, medios selectos y operaciones de desgaste, todo al servicio de intereses personales y políticos que poco tenían que ver con las ligas, los clubes y la gente del interior profundo.

En esa sesión también hubo autocrítica. El consejero Sergio Gabito puso el dedo en otra llaga: la falta de quórum pleno en reuniones extraordinarias, justo cuando se trataban los temas más sensibles. Otra grieta por donde se colaba la debilidad institucional.

Pero el daño ya estaba hecho.

El principio de una guerra imparable

Mirado con el paso del tiempo, aquel 30 de abril de 2019 no fue un día más.
Fue el comienzo explícito de una guerra política dentro de la OFI. Una guerra silenciosa, sin declaraciones públicas altisonantes, pero feroz en sus métodos. Una guerra que no se libró en la cancha, sino en los pasillos, en los off the record, en las filtraciones interesadas.

Una guerra contra un presidente que había osado intentar algo simple y revolucionario a la vez:
gobernar al fútbol del interior desde el interior.

Lo que vino después ya es historia conocida.
Pero ese día quedó claro que la paz había terminado.
Y que algunos estaban dispuestos a todo con tal de no perder el control.

Fuente: Acta 35

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