LA OFI MONTEVIDEANA: LA SEGURIDAD EN LAS CANCHAS, ENTRE LA URGENCIA, LA AUTOCRÍTICA Y LA FALTA DE PLAN
OFI ANTE EL ESPEJO: Franklin Nilo Scarpa fue aún más duro en su análisis. Recordó que, días antes del inicio del torneo, había canchas sin inspeccionar y que la OFI no fue previsible. Su intervención dejó un concepto clave: “si no se dan canchas adecuadas, por más que se preparen veedores no alcanza”.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde Montevideo EDUARDO MÉRICA para FMFUTBOL.
La sesión ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Organización del Fútbol del Interior, celebrada el 27 de junio de 2023 en Montevideo, dejó al desnudo una de las mayores preocupaciones que hoy atraviesa al fútbol del interior: la seguridad en los escenarios deportivos. No fue una reunión más. Fue, en muchos pasajes, un ejercicio colectivo de autocrítica, advertencias cruzadas y diagnósticos coincidentes sobre una realidad que ya no admite improvisaciones.
Bajo la presidencia de Sebastián Sosa, y con una nutrida asistencia de consejeros de todo el país, el Ejecutivo abordó los incidentes registrados ese fin de semana anterior en el marco de la Copa de Clubes, hechos que actuaron como disparador de un debate profundo, extenso y, por momentos, incómodo. Porque lo que quedó claro es que la violencia no surge de la nada: se gesta en fallas humanas, omisiones organizativas, criterios desiguales y, sobre todo, en la ausencia de planificación.
Desde el inicio, Sosa marcó el rumbo: “hay que subir la vara con respecto a la seguridad”. No fue una frase al pasar. Fue una señal política. La OFI entiende que ha llegado a un punto límite, donde la permisividad ya no es una opción.

El caso del partido jugado en Cerrillos apareció como ejemplo y contraste. Carlos Alaniz destacó la conducta del club local, que pese a la derrota mostró “condiciones de personas”, con dirigentes atentos, servicio policial adecuado y cumplimiento de lo solicitado. Cerrillos se transformó, paradójicamente, en modelo dentro del caos, demostrando que cuando hay voluntad, las cosas pueden hacerse bien incluso en escenarios modestos.
Sin embargo, no todo fue elogio. El doctor Juan Martín Atilio puso el foco en errores evitables: portones mal cerrados, ingresos prematuros, falta de separación de hinchadas. Detalles que, en el fútbol del interior, suelen minimizarse hasta que derivan en incidentes graves. Allí aparece una figura clave y todavía débilmente respaldada: el veedor.
La actuación de los veedores fue uno de los ejes centrales del debate. Se reconoció que el curso reciente permitió avanzar, pero también se admitió que la reglamentación es insuficiente y que, en muchos casos, los veedores locales no informan contra su propia cancha, generando desigualdad y sospechas. Una frase del presidente Sosa fue reveladora: “eso lleva a que no haya igualdad”. En otras palabras, la buena fe ya no alcanza como método de control.
La comisión de canchas quedó particularmente expuesta. Julio García fue tajante al señalar que no está trabajando bien, que no hay proyecto, ni criterios claros, ni planificación. Otros consejeros coincidieron en que se habilitaron escenarios que no debieron serlo, mientras que a otros clubes se les exigió más. La palabra que más se repitió fue una sola: criterios unificados.
Franklin Nilo Scarpa fue aún más duro en su análisis. Recordó que, días antes del inicio del torneo, había canchas sin inspeccionar y que la OFI no fue previsible. Su intervención dejó un concepto clave: “si no se dan canchas adecuadas, por más que se preparen veedores no alcanza”. La responsabilidad, entonces, no puede recaer siempre en el último eslabón.
También se planteó una cuestión estructural: el deterioro general de los escenarios deportivos. Antonio Pereira Montes introdujo un tema sensible al preguntar por qué las canchas están en ese estado y apuntó directamente al uso de los fondos del fideicomiso para atender esa realidad. Porque la violencia no es solo un problema disciplinario; es también consecuencia del abandono.
En medio del debate, surgió una verdad incómoda: hay pocas denuncias, y cuando las hay, muchas veces no son debidamente consideradas por los tribunales. Ese déficit debilita todo el sistema de control y deja desprotegidos a árbitros, veedores y protagonistas.
Paradójicamente, se destacó que en los incidentes recientes no estuvieron involucrados árbitros, aunque sí se alertó sobre situaciones de riesgo como el ingreso del público al campo y la falta de seguridad en vestuarios. Señales claras de que el problema va más allá del arbitraje y apunta directamente a la organización del espectáculo.
La sesión cerró con propuestas concretas: crear grupos de trabajo, definir criterios claros, enviar equipos de inspección múltiples y regionales, modificar reglamentos si es necesario y jerarquizar definitivamente la figura del veedor. Hubo consenso en algo fundamental: ya no se puede actuar cuando el problema explota; hay que anticiparse.
La OFI se miró al espejo y no se gustó del todo. Pero ese ejercicio, doloroso y necesario, es el primer paso para recuperar autoridad, previsibilidad y seguridad en el fútbol del interior. Porque sin canchas seguras, sin reglas claras y sin planificación, no hay torneo que resista ni pasión que alcance.
Y el mensaje quedó flotando en la sala: la vara se va a levantar. La pregunta es si todos están dispuestos a saltarla.



