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LA OFI REAL: ROMPANI LO DIJO EN 1946, Y EL INTERIOR LO SIGUE PADECIENDO OCHENTA AÑOS DESPUÉS

El autor de la frase: "integrarse sin entregarse" es del dirigente riverense, Ing Agr. Franklin Aliano, y es ideal y se ajusta perfectamente al tiempo que vive en el presente la OFI.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde Montevideo EDUARDO MÉRICA para FMFUTBOL.

En la historia del fútbol uruguayo hay declaraciones que envejecen rápido y otras que, con el paso del tiempo, adquieren una fuerza casi profética. Las palabras pronunciadas en 1946 por el salteño Dr. Santiago Isaac Rompani, cofundador de la Organización del Fútbol del Interior (OFI), pertenecen sin duda a este segundo grupo. No fueron una arenga coyuntural ni un desahogo circunstancial: fueron una advertencia lúcida, una radiografía anticipada de lo que sería la relación entre Montevideo y el interior profundo del Uruguay.

Rompani habló antes de que la OFI existiera formalmente. Habló cuando el interior aún no tenía una estructura propia que lo defendiera. Y habló con una claridad que, ochenta años después, resulta incómoda por su vigencia.

No se equivocó.

Montevideo como centro nervioso… y como problema

Cuando Rompani afirmaba que “todos los caminos conducen a Montevideo”, no estaba apelando a una metáfora ingeniosa. Estaba describiendo un modelo de país. Un país donde las distancias se miden desde un kilómetro cero simbólico, político y cultural; donde las decisiones, los recursos, el prestigio y la validación pasan por un único punto geográfico.

Montevideo, decía Rompani, se había erigido como una “ciudad tentacular”, un organismo que absorbía, decidía y liquidaba todo lo que ocurría en la nación. No era sólo capital: era filtro, juez y aduana. Y el interior, reducido a “arrabales”, existía apenas como periferia funcional.

Ese diagnóstico, formulado en los años cuarenta, fue el caldo de cultivo que explicaría —y justificaría— la creación de la OFI en 1946, uno de los movimientos más extraordinarios del deporte uruguayo. No fue un capricho ni una rebeldía aislada: fue una necesidad histórica.

La OFI como acto de resistencia federal

Por eso no es exagerado afirmar que Rompani es un “autor con derecho” de la OFI. No sólo ayudó a fundarla: la pensó antes de que existiera. La OFI nació como un gesto profundamente artiguista en un país que, como él mismo señalaba, había ignorado sistemáticamente al campeón del federalismo político.

Mientras Montevideo miraba a Europa —y luego al mundo—, el interior miraba a Montevideo esperando reconocimiento. Y el fútbol no escapó a esa lógica: el profesionalismo organizado desde la AUF consolidó un sistema donde el interior era invitado ocasional, tolerado a veces, pero nunca integrado en igualdad de condiciones.

Ochenta años de historia de la OFI permiten constatar lo que Rompani advirtió:
desplantes,
discriminaciones reglamentarias,
postergaciones económicas,
subestimación deportiva,
y una narrativa oficial que presenta al interior como “semillero”, pero no como socio.

“Todos los uruguayos somos montevideanos”

Quizás una de las frases más demoledoras de Rompani sea aquella en la que afirma que “todos los uruguayos somos montevideanos”. No lo dice como elogio, sino como denuncia. El problema, advierte, no es sentir orgullo por la capital, sino que la capital no sienta orgullo por el país que dice representar.

Ese desbalance se reprodujo —y se reproduce— en el fútbol. La AUF, históricamente, ha funcionado como un Montevideo ampliado, donde las decisiones estratégicas se toman desde una lógica metropolitana, aun cuando afectan directamente a cientos de clubes, ligas y futbolistas del interior.

La OFI, en cambio, ha sido obligada a justificar permanentemente su existencia, su peso y su derecho a opinar. Como si fuera un apéndice y no una organización que nuclea a la inmensa mayoría del territorio nacional.

El interior mirando hacia afuera

Rompani también dejó otra observación inquietante: el interior, muchas veces, no mira a Montevideo, sino hacia afuera. Buenos Aires, Porto Alegre, Río de Janeiro. Porque la capital, en su “evasión perpetua”, dejó de irradiar una identidad nacional integradora.

En el fútbol ocurre algo similar: mientras Montevideo se piensa como “exportadora” de talento, el interior ha construido su propia épica, su propio sentido de pertenencia, sus campeonatos, su cultura deportiva. La OFI no imitó: resistió.

“Los arrabales de Montevideo son todo el país”

La frase más brutal de Rompani no admite eufemismos. Resume una estructura mental que ha sobrevivido gobiernos, dictaduras, democracias y reformas estatutarias. El interior sigue siendo visto como periferia, incluso cuando produce jugadores, dirigentes, árbitros, entrenadores y pasión en cantidades que Montevideo no podría sostener por sí sola.

Por eso, recorrer los 80 años de la OFI no es sólo repasar torneos y campeonatos: es revisar una historia de dignidad, de organización frente al ninguneo, de defensa frente al centralismo.

Un legado que interpela

Cuando el Dr. Santiago I. Rompani (cofundador de la Organización del Fútbol del Interior) ya anciano, en 1996, respiraba con serenidad y apelaba a una salvación casi divina, no lo hacía desde la resignación, sino desde la conciencia histórica. Sabía que el problema no era coyuntural. Sabía que el conflicto entre Montevideo y el interior no se resolvía con discursos amables ni con gestos simbólicos.

Se resolvía —y se resolverá— con igualdad real, con integración auténtica y con respeto.

Ochenta años después, el fundador no sólo tenía razón.
Tenía razón antes que nadie.

Y mientras el interior siga luchando por su lugar en el fútbol uruguayo, la voz de Santiago I. Rompani seguirá sonando como una advertencia incómoda, vigente y necesaria.

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