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TRAS LA ELECCIÓN EN AUF: La sesión que partió a la OFI, cuando el silencio se rompió y el poder cambió de manos

Cheppi habló de juego sucio. De mala fe. De una política que dejó de ser interna para transformarse en una pulseada expuesta, donde los rumores corrieron más rápido que las resoluciones formales. La sensación de derrota que expresó no fue deportiva: fue ética. “Si se dice que no sale, no debe salir”, resumió, dejando claro que la grieta no era ideológica sino de compromiso.

LA OFI MONTEVIDEANA/Desde MINAS, LAVALLEJA EDUARDO MÉRICA para FMFUTBOL. 

La tarde del 26 de marzo de 2019 no fue una más en la sede de la Organización del Fútbol del Interior. A las 14:35, con el Prof. Mario Cheppi presidiendo la sesión del Consejo Ejecutivo, comenzó a desandarse públicamente un episodio que marcaría un antes y un después en la relación de OFI con la Asociación Uruguaya de Fútbol, pero también en la convivencia interna de la propia Organización.

Lo que estaba en juego no era un trámite administrativo ni una diferencia menor: se discutía, sin eufemismos, qué había pasado realmente el 21 de marzo en la AUF, el día de la elección de Ignacio Alonso como presidente, y por qué OFI había llegado dividida a una instancia que durante décadas soñó ocupar con peso propio.

Desde el inicio, Cheppi puso sobre la mesa el núcleo del conflicto: una decisión tomada por mayoría ajustada (6 a 5) en el Ejecutivo, un acuerdo explícito de mantener silencio hasta llegar a la AUF, y una filtración que rompió ese pacto antes incluso de subir las escaleras de la sede de la calle Guayabos. El secreto no resistió. La información salió. Y con ella, la confianza.

La postura original era clara: votar en primera instancia al Sr. Curuchet. Hubo conversaciones, propuestas, llamados a los candidatos. Curuchet ofreció cargos y recursos: dos lugares en el Ejecutivo y dinero proveniente de la Selección Uruguaya y de fondos FIFA. El Dr. Camargo grabó esa conversación como respaldo institucional. Pero el audio —o la versión de su existencia— comenzó a circular sin control. Nadie admitió haberlo difundido. Algunos ni siquiera lo escucharon. Pero el daño ya estaba hecho.

Cheppi habló de juego sucio. De mala fe. De una política que dejó de ser interna para transformarse en una pulseada expuesta, donde los rumores corrieron más rápido que las resoluciones formales. La sensación de derrota que expresó no fue deportiva: fue ética. “Si se dice que no sale, no debe salir”, resumió, dejando claro que la grieta no era ideológica sino de compromiso.

La elección en la AUF fue tan ajustada como simbólica. En primera vuelta, Curuchet ganó 38 a 36. Luego vinieron las reuniones improvisadas, los grupos de interés, el encuentro incómodo con Peñarol, Nacional, árbitros, jugadores y mutual en un bar, y una exposición arbitral que cayó mal. La llegada de Alonso tensó aún más el clima: OFI fue acusada de traición, de deber favores, de ser funcional a intereses ajenos. Cheppi rechazó esas acusaciones y recordó que OFI no le debía nada a nadie.

El momento más delicado llegó cuando se definió la postura para la segunda vuelta. Tres opciones: mantener el voto en bloque a Curuchet, cambiar en bloque a Alonso, o liberar a los delegados. Por mayoría, se optó por la tercera. El resultado es conocido: Curuchet perdió cuatro votos, Alonso los ganó, y se convirtió en presidente de la AUF.

Lo que siguió fue una catarata de reproches internos. Consejeros que no asistieron. Suplentes que votaron. Confederaciones que se sintieron poco escuchadas. La pérdida del bloque de nueve votos, considerada por varios como una fortaleza histórica desperdiciada. Para algunos, se perdió dinero, cargos y poder de negociación. Para otros, se actuó con conciencia y democracia.

Las intervenciones posteriores dejaron al desnudo una OFI atravesada por tensiones profundas: Sur contra Interior profundo, confianza quebrada, filtraciones constantes, mensajes de WhatsApp, periodistas mal informados, heridas personales que ya no se disimulaban. Cheppi fue tajante: no había pasado por arriba a nadie, el Ejecutivo representaba a toda la Organización y su legitimidad provenía del Congreso. “Es muy fácil ensuciar a la gente y pedir cabezas”, advirtió.

Pero también hubo llamados a mirar hacia adelante. A ocupar los espacios de cogobierno. A hacer cumplir las promesas, aunque fueran dudosas. A reconocer que la política es presión, oferta y disputa. Que OFI debía aprender de sus errores sin desconocer que, por primera vez, había estado sentada en la mesa grande.

La sesión cerró sin aplausos ni épica. Cerró con una certeza incómoda: OFI había ganado visibilidad, pero había perdido unidad. Y esa fractura, nacida en el silencio roto de marzo de 2019, seguiría condicionando su camino en los años siguientes.

Porque a veces, en el fútbol del Interior, las derrotas más profundas no se miden en goles ni en copas, sino en la confianza que ya no vuelve a ser la misma.

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